Cristo Jesús, tu no has permanecido en la muerte, sino que has resucitado y vives con Dios. Abre nuestros ojos y nuestros corazones para que podamos reconocer los signos de tu presencia: son tan humildes que a menudo no reparamos en ellos. Tú nos envías al Espíritu Santo, la fuerza desde lo alto. Podemos entonces correr el riesgo de creer en ti, en tu amor sin límites por cada ser humano. Allí se encuentra la fuente de una vida nueva para toda la creación. (Hno Alois de Taizé)
¡Feliz Pascua!




